martes, 19 de enero de 2010

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Llorar la poesía perdida, el único cuento que vale.

Maldecirme por ser esto que se quedaría llorando sin interrupción,

llorarla, fumarla sin tapujos,
agriarme la garganta en nombre de la falta,
hacerle el luto,
que el agua no cure la sed.
Arrancarme la cara para tratar de entender,
soñar ese circo perdido, el único circo.

Mientras, el navío parado.

Ser un rato nadie si el navío está parado.

Ver las olas y ver sólo olas,
que el cielo no te diga nada,
que las nubes se agiten y te ardan los ojos,
que el mundo entero grite y no te importe,
que el navío parado raspe como un ensayo de muerte,

verme quieta y no saber hacer nada más que llorar
y que adentro las cosas mientras se tajeen,
se destruyan, se destronen, se hundan bien hondo.

Que el navío siga quieto igual.

Que nada lo conmueva.

Tener que rendirte a la emboscada de la espera,
la tortura de ser respirando esa carencia de amar,
que no exista otra posibilidad hasta que arranque,
que no haya nadie, que sea todo fruto de una pura invención,

sospechar que nada sirve de nada, que se pueden sólo pocas cosas, débiles cosas
y mientras sólo se trate de ocupar el tiempo, de matar el tiempo,

de sembrar el deseo del navío,

de que arranque,

de que exista alguien,

en algún lugar.

2 comentarios:

  1. Seguro que existe ese alguien capaz de poner el navio en marcha viento en popa y a toda vela, seguro...A veces tenemos que tocar fondo para volver a resucitar, para volver a ser. Precioso Karina, siempre de primera tus textos, tus versos.
    Un beso

    ResponderEliminar
  2. Alguien en algún lugar...
    Puede que si.
    Pero igual es que no.
    Y que más da?
    Sigamos caminando.

    Besos.

    ResponderEliminar

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