martes, 16 de febrero de 2010

89

Olía. Mi cuerpo olía y había un deseo claro. Iba. Corría a tu encuentro y al llegar comenzaba el día. Llamaba. Te llamaba. Hablábamos. Entrecortado hablábamos y volvíamos a quedar de vernos y mientras cantaba por la calle, con una especie de sentimiento total que no cabía en el cuerpo, que salía rebalsado para darse cauce, cantaba cursilerías que venían, te cantaba.
Me cambiaba. Me perfumaba. Te deseaba. Temía. Era un ardor el miedo, a cada detalle que amenazara todo eso. Te miraba y tus ojos negros me amenazaban y te enojabas cuando no te creía. Me perdonabas, me besabas, me abrazabas. Íbamos. Entrábamos al cuarto, era como un hogar. Regábamos las sábanas usadas de líquidos sintiendo cada vez un estreno en cada roce de los cuerpos. Salíamos. Había que retardar la vuelta. A veces inventaba problemas con tal de demorarla. Había que irse igual. Me mareaba. No quería soltarte. Era el arrancamiento demorado. Te invitaba una cerveza. Hablábamos. Tomábamos. Nos mirábamos. Eran tus ojos. Mi dedo acariciándote el dedo. La luz más intensa. La cerveza subiendo a la cabeza. Reíamos. Llorábamos. Nos deseábamos. Pero siempre llegaba el momento. Llegaba. Era demasiado y lo sabíamos. Habíamos visto la felicidad a los ojos y cuando se corría quedábamos ciegos. Yo manoteaba el retardo otra vez, trataba de correr el abismo que sabía que venía, lo apartaba con la mano como a una mosca. Llegaba Igual.
Sólo cabía ansiar la próxima cita, temiendo subyacentemente que dejara de ocurrir y se apagara el mundo… como fue que un día pasó.
Pero el mundo no se apagó.
Y lo verdadero siguió sentado en el corazón de lo falso.

5 comentarios:

  1. La agilidad del trazo, la pericia de su desarrollo, va desnudando grácilmente al elusivo axioma que nos define.

    Dualis(t)mo que encierra en mismo espejo, luz y sombras, creador y criatura, los centros de un círculo inexistente, toda vez que conforme crece, desaparece.

    Palabra y silencio amalgamando realidades relativas, a partír del suspiro.

    Nuevamente disfruto de tu vibrante y brillante manera de decír.

    Besos.

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  2. Hola Eli, disculpa que tardo en agradecerte tus palabras, es que vuelvo de mis vacaciones recién. Gracias por tanto, me pones colorada. jajajaja. Visité tu casa y es preciosa.

    Un beso grande

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  3. Has descrito ese momento, esa pequeña muerte del alma, la incertidumbre del "hasta cuándo", el desgarro de la despedida, forma parte de ese sentimiento casi enfermizo que se llama "pasión-amor-imposible"?, que suele ser fugaz e inasible, que es en realidad lo que provoca ese brillo en la mirada y ese slalom en la piel...
    Ha sido como contemplar una escena de esas de cine negro maravilloso donde siempre gana la partida el imposible.

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  4. Gracias a tí, Karina, por la exquisita mirada
    con que enriqueces al sentimiento. La Poesía, como las llamas, revísten al poro ígneo.

    Tu voz
    devuelve la verdad a un cielo sin precedentes,
    capaz de abrírse paso entre la fronda sin tocarla.

    Capaz de moverse, sin tener que demostrarlo.

    Y así converge. Atrapando al vuelo, sin cercar al ave...

    Besos.

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  5. ... y ocurrió.
    Plafffffff.
    El apagón.

    Hay que seguir.

    Besos.

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